Nene, queremos que llegues más lejos que Nosotros
Nene, tu abuela me ha platicado algunas de las cosas que has conversado con ella y, entre ellas, me comentó que alguna vez dijiste que prefieres ser pobre pero feliz antes que rico e infeliz, y que también prefieres ser una persona humilde.
Me dio mucho gusto saber que para ti la felicidad y la humildad son importantes. Sin embargo, creo que estás relacionando algunas ideas que en realidad significan cosas muy diferentes: ser humilde no significa ser pobre, tener dinero no significa ser infeliz y aspirar a una vida mejor tampoco significa dejar de ser una buena persona.
Por eso quiero compartirte estas palabras, no para decirte qué o cómo debes pensar, sino para que conozcas lo que la vida nos ha enseñado a tu abuela y a mí, conozcas un poco de la historia de tu propia familia y, con todo ello, puedas reflexionar y construir tus propias conclusiones sobre la felicidad, la humildad, la pobreza, el dinero, el esfuerzo y lo que significa verdaderamente salir adelante en la vida.
Tu bisabuelo
Tu bisabuelo perdió a su padre cuando tenía solamente 12 años.
Se quedó con su mamá y tuvo que comenzar a abrirse camino en la vida prácticamente siendo todavía un niño.
Creció en un rancho apartado donde las oportunidades que tú tienes actualmente simplemente no existían. No había electricidad. No había teléfono. Los automóviles prácticamente no formaban parte de aquella vida porque ni siquiera existían caminos adecuados por los que pudieran circular durante las lluvias.
Para llegar al pueblo más cercano había que caminar alrededor de dos horas.
La escuela apenas ofrecía los primeros grados de primaria, y ni siquiera pudo aprovecharlos como hubiera querido porque necesitaba trabajar para sobrevivir.
Con muchísimo esfuerzo aprendió por su cuenta cosas fundamentales: leer, escribir y hacer cuentas.
No tuvo universidad.
No tuvo Internet.
No tuvo computadora.
No tuvo las oportunidades educativas que tienes tú.
Y tampoco estuvo esperando que alguien llegara algún día a resolverle la vida.
Tenía sus manos, sus pies, su inteligencia y, sobre todo, la determinación de salir adelante.
Y salió adelante.
Formó una familia y consiguió algo todavía más importante: que sus hijos tuviéramos oportunidades que él nunca tuvo.
Por eso repetía algo que jamás he olvidado:
Debemos luchar para que nuestros hijos vivan mejor que sus padres.
Esa idea pasó de tu bisabuelo a nosotros. Nosotros intentamos hacer lo mismo con nuestros hijos, y algún día espero que ustedes puedan hacerlo todavía mejor.
Nada de lo que hoy tienes apareció gratuitamente
Quiero que entiendas otra cosa, Nene.
Muchas de las cosas que hoy te permiten sentirte tranquilo y feliz son el resultado del esfuerzo de personas que estuvieron antes que tú.
Para que tu tía Kary pudiera estudiar en el Tec de Monterrey hubo muchísimo trabajo detrás. Hubo dinero que conseguir, sacrificios, preocupaciones, noches sin dormir e incluso momentos en los que nosotros tuvimos que privarnos de cosas importantes.
No fue gratis.
No fue fácil.
Pero consideramos que su futuro justificaba el sacrificio.
Y también quiero que tengas muy claro algo: el esfuerzo no fue solamente de tu abuela y mío.
Tu tía Kary también tuvo que hacer su parte, y vaya que la hizo. Tuvo que dedicarse y estudiar muchísimo, primero para conseguir una beca de excelencia que le permitiera estudiar en el Tec de Monterrey y, después, para conservarla durante toda su carrera universitaria, manteniendo el promedio académico que esa beca exigía.
Porque hay un dicho muy cierto que quiero que recuerdes:
“Lo difícil no es llegar, sino mantenerse ahí.”
Conseguir una oportunidad puede requerir muchísimo esfuerzo, pero aprovecharla, conservarla y demostrar todos los días que eres merecedor de ella puede requerir todavía más.
Nosotros pudimos apoyarla económicamente, hacer sacrificios y ayudarle a abrir esa puerta, pero nadie podía estudiar por ella, presentar sus exámenes por ella, obtener sus calificaciones por ella ni mantener el promedio que necesitaba para conservar su beca. Esa responsabilidad era solamente suya.
Y lo consiguió gracias a su esfuerzo, dedicación y constancia.
Esa es otra de las lecciones más importantes que quiero que recuerdes:
Alguien puede ayudarte a abrir una puerta, pero nadie puede estudiar, esforzarse, prepararse ni atravesarla por ti.
Y precisamente por eso quiero que tú también tengas oportunidades. Tu abuela y yo podemos hacer cuanto esté a nuestro alcance para ayudarte, orientarte y abrirte algunas puertas, como lo hicimos con nuestros hijos.
Pero llegará un punto en el que nuestra parte terminará y comenzará la tuya.
Podemos ayudarte a llegar hasta la puerta. Abrirla puede ser un esfuerzo de todos. Pero atravesarla, demostrar lo que eres capaz de hacer y mantenerte del otro lado dependerá de ti.
Mira nuestra propia situación actual
También puedes aprender algo observando lo que estamos viviendo tu abuela y yo.
¿Crees que somos felices simplemente porque actualmente tenemos muy poco dinero, no tenemos un ingreso estable y necesitamos de la ayuda de tu tía Kary?
Por supuesto que no.
Y tampoco estamos en esta situación porque hayamos decidido dejar de trabajar o porque consideremos que la pobreza sea una virtud.
Tú eras todavía muy pequeño cuando teníamos un negocio próspero. Trabajamos para construirlo y desgraciadamente la delincuencia terminó afectándolo gravemente hasta llevarnos a la situación en la que estamos ahora.
Eso también forma parte de la vida: puedes trabajar durante años para construir algo y después sufrir un golpe terrible.
Pero quiero que observes qué estoy haciendo después de ese golpe.
No estoy sentado esperando que alguien venga a rescatarme.
Estoy trabajando nuevamente.
Estoy desarrollando mis proyectos, entre ellos PCUniverseOne, intentando reconstruir lo que perdimos y volver a levantarnos.
Y existe otra razón por la que quiero conseguirlo.
Tú.
Quiero que tengas oportunidades. Me encantaría que, si tú haces tu parte y realmente quieres estudiar, podamos ayudarte para que tengas acceso a una excelente educación, como ocurrió con tu tía Kary.
Pero yo puedo intentar abrirte una puerta.
Atravesarla dependerá de ti.
No quiero que persigas millones
Y aquí quiero que entiendas perfectamente lo que estoy tratando de enseñarte.
No estoy diciéndote:
“Hazte millonario.”
Estoy diciéndote:
“Procura no depender de otros para vivir.”
Estudia. Prepárate. Aprende. Trabaja. Equivócate. Vuelve a intentarlo. Desarrolla capacidades que otras personas necesiten y estén dispuestas a pagar justamente.
Elige una profesión no solamente pensando en lo que te gusta hoy a los 15 años, sino también investigando qué oportunidades tendrá esa profesión, cuánto podrás ganar, cómo podrás crecer y qué clase de vida podrá permitirte construir.
Aspira a tener suficiente para cubrir tus necesidades con dignidad: vivienda, alimentación, salud, transporte, educación y seguridad.
Y sí, también para darte algunos gustos.
Trabajar no debería servir solamente para sobrevivir.
Algún día quizá quieras viajar, comprar algo que siempre deseaste, tener una casa, disfrutar con tu familia o simplemente poder dormir tranquilo sabiendo que si mañana aparece un gasto inesperado podrás enfrentarlo.
Eso también es calidad de vida.
Y sobre todo, conserva esas ganas de ayudar
Hay algo de lo que has dicho que sí me produce muchísimo gusto:
que quieras ayudar a otras personas.
No pierdas eso.
Pero quiero enseñarte una regla que quizá comprenderás todavía mejor cuando seas adulto:
primero debes construir la capacidad de sostenerte a ti mismo para después poder sostener la mano de alguien más.
Si algún día tienes suficiente para ti y tu familia y además puedes ayudar a otra persona, hazlo.
Si puedes pagarle los estudios a alguien, ayudar a una persona enferma, darle trabajo a alguien, apoyar a un familiar o simplemente tenderle la mano a quien atraviesa un momento difícil, tendrás una capacidad para ayudar que difícilmente tendrías si tú mismo no puedes satisfacer tus propias necesidades.
Por eso prosperar y ayudar a los demás no son ideas contrarias.
Muchas veces, cuanto más capaz eres de producir, construir y prosperar, mayor es también tu capacidad para ayudar.
No podrás resolver los problemas de todo el mundo. Nadie puede.
Pero sí podrás hacer una diferencia en la vida de algunas personas.
Lo que realmente deseo para ti
Así que cuando me dices:
“Prefiero ser pobre y feliz que rico e infeliz”,
yo no quiero burlarme de tu idea ni decirte simplemente que estás equivocado.
Quiero que pienses más allá.
No necesitas escoger ninguna de esas dos opciones.
Yo quiero que seas feliz y capaz.
Que tengas principios.
Que quieras a tu familia.
Que conserves tu deseo de ayudar.
Que seas trabajador.
Que puedas levantarte después de fracasar.
Que no esperes que tus padres, tus abuelos, el gobierno o cualquier otra persona tengan la obligación de resolver tu vida.
Que aceptes una mano cuando verdaderamente la necesites, pero que tu aspiración sea algún día ser tú quien pueda extender esa mano a alguien más.
Y sobre todo, que nunca confundas humildad con conformismo.
Puedes ser humilde y tener grandes aspiraciones.
Puedes tener dinero sin convertir el dinero en el propósito de tu existencia.
Puedes triunfar sin sentirte superior a nadie.
Y puedes ayudar a los pobres sin creer que la pobreza sea algo deseable.
Tu bisabuelo empezó prácticamente sin nada y luchó para que sus hijos tuvieran más oportunidades que él.
Nosotros intentamos hacer lo mismo con nuestros hijos.
Y ahora queremos que ustedes lleguen todavía más lejos.
Algún día, si tienes hijos, espero que tú también puedas decir:
“Mis hijos tuvieron oportunidades que yo no tuve.”
Entonces habremos avanzado otra generación.
Porque la herencia más importante que podemos dejarte no es solamente dinero.
Es enseñarte que, independientemente de las circunstancias en las que alguna vez te encuentres, jamás debes renunciar a la responsabilidad de luchar por construir tu propio futuro.
🌟 Y una última cosa, Nene: lo que significa ser un líder
También quisiera pedirte que no te formes una idea equivocada o negativa de lo que significa ser un líder, de la misma manera que hemos hablado de no confundir humildad con pobreza, riqueza con infelicidad o pobreza con felicidad.
Ser líder no significa sentirse superior a los demás, mandar, imponer, presumir, tener poder o querer que todos hagan lo que tú dices. Eso no es lo que yo quisiera que entendieras por liderazgo.
Para mí, un verdadero líder es casi lo contrario.
Es una persona que aprende a dirigir primero su propia vida; que asume responsabilidades en lugar de buscar culpables; que toma decisiones aunque algunas sean difíciles; que cumple su palabra; que reconoce cuando se equivoca; que escucha y respeta a los demás; y que, cuando puede, ayuda a otros a crecer junto con él.
Un líder no necesita hacer menos a nadie para sobresalir. Puede ser ambicioso y humilde al mismo tiempo. Puede aspirar a tener éxito sin sentirse superior. Puede ganar dinero sin convertirlo en su único propósito. Puede dirigir a otras personas y, al mismo tiempo, saber escucharlas. Y puede alcanzar una buena posición en la vida sin olvidar de dónde viene ni a quienes alguna vez le tendieron la mano.
Incluso ese deseo que tienes de ayudar a otras personas puede convertirse algún día en una de tus mejores cualidades como líder. Pero para poder orientar, apoyar o abrir oportunidades a otros, primero necesitas aprender, prepararte, desarrollar criterio y ser capaz de conducir tu propia vida.
Por eso, Nene, antes de rechazar la idea de ser un líder porque quizá la relacionas con poder, dinero, autoridad o superioridad, quiero que conozcas lo que realmente puede significar:
Un verdadero líder no busca estar por encima de los demás; busca ser lo suficientemente capaz para avanzar y, cuando puede, ayudar a otros a avanzar también.
Y si algún día llegas a ser esa clase de hombre —preparado, responsable, independiente, humilde, capaz de ayudar y de influir positivamente en otras personas— quizá descubras que te convertiste en un líder sin siquiera habértelo propuesto.
Nene, no espero que después de leer todo esto pienses exactamente como yo ni que cambies de opinión de un día para otro. Lo único que me gustaría es que lo leas con calma y reflexiones sobre estas palabras. No tienes que darme una respuesta ni demostrarme que estoy en lo correcto.
Estás en una etapa de tu vida en la que apenas estás formando tus propias ideas sobre el mundo, el dinero, la felicidad, el trabajo y la clase de persona que quieres llegar a ser. Algunas de esas ideas cambiarán con los años y otras probablemente se harán más fuertes, y eso también forma parte de crecer.
Quédate simplemente con estas palabras y piénsalas a tu manera. Y si algún día tienes ganas de hablar sobre ellas, preguntarme algo, decirme que no estás de acuerdo conmigo o contarme cómo ves tú las cosas, me encantará que nos sentemos a analizarlas y platicarlas juntos. No para ver quién tiene la razón, sino para escucharnos y aprender el uno del otro.
Te quiero mucho, Nene. Todo lo que te digo nace únicamente de mi deseo de que seas feliz, que tengas un buen futuro y, sobre todo, que llegues mucho más lejos que nosotros.
Tu abuelo. ❤️
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